Si alguna vez has usado una herramienta de IA para programar — Claude Code, Cursor o similares — habrás notado algo que desespera en silencio: cada sesión empieza desde cero. Vuelves a explicar el proyecto. Vuelves a mencionar los mismos detalles. Recuerdas la decisión que tomasteis hace tres semanas sobre cómo gestionar los correos de clientes. Otra vez.
Es como contratar a un programador brillante que cada mañana llega sin recuerdo del día anterior.
Esta herramienta de código abierto se queda en segundo plano y observa lo que ocurre durante cada sesión. Va tomando nota — de las decisiones tomadas, los errores encontrados, tus preferencias — y lo convierte en algo fácil de consultar. Cuando empiezas una nueva sesión, inyecta automáticamente el contexto relevante, sin que tengas que decir nada.
Una sola memoria compartida entre todas las herramientas de IA que uses. Funciona en tu propio ordenador. Ningún servicio externo se queda con tus datos. Sin cuota mensual.
Actualmente ocupa el primer puesto en comparativas independientes para este tipo de herramienta, por delante de varias alternativas con mucha más financiación.
Cuanto menos tiempo pierde tu equipo reexplicando contexto a las herramientas de IA, más útiles se vuelven esas herramientas. Esto es especialmente cierto si trabajas en algo con cierta complejidad — un producto, una plataforma para clientes, un sistema a medida con su propia lógica e historia.
Agente de IA para código — un asistente de inteligencia artificial (como Claude o Cursor) que puede escribir, leer y modificar código, casi como un desarrollador júnior.
Contexto — todo lo que una IA necesita saber sobre tu proyecto para dar respuestas útiles. Cuanto más tiene, mejor funciona.
Autoalojado — ejecutar el software en tu propio ordenador o servidor, no en la nube de otra empresa. Tus datos se quedan contigo.
Código abierto — el código es público. Cualquiera puede inspeccionarlo, usarlo o mejorarlo.
Si trabajas con desarrolladores que usan herramientas de IA a diario, vale la pena preguntarles: ¿cuánto tiempo perdemos reenseñando las mismas cosas? La respuesta puede sorprenderte.